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Pareja busca privacidad New Hampshire y vive historia de terror

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Un niño desaparecido y a la vez, dentro de la granja donde la familia había iniciado una nueva vida, los cuerpos sangrantes de sus padres. 

Esa era la imagen de un día en el que la nieve cubría todo el terreno donde criaban pollos, cerdos y vacas, mientras educaban en casa a sus tres hijos y trataban de llevar vidas agradables ante Dios. Mientras, en el exterior del camino que llevaba a la propiedad había una clara instrucción: prohibía a los agentes del gobierno ingresar sin autorización, a riesgo de multas, prisión o uso de la fuerza.

Mientras el tiempo comenzaba a presagiar lluvias, alguien llamó al 911 ese 15 de marzo. Poco después de las 7:30 a.m. ya las radios de la policía local y la estatal daban cuenta de que tenían que ir al 76 Dobbins Way, mientras adelantaban que la escena podría ser de horror. 

"¿Podemos ir a Alton ... 76 Dobbins ... hubo disparos", fue la frase. Luego "El sospechoso (indescifrable) está corriendo hacia el bosco. Lleva una camisa azul brillante, pijamas y es un niño de 11 años", se oyó.

"10-5 y presumen que aún tiene el arma", preguntaron.

"Confirmado", fue la respuesta.

En los días siguientes los amigos recordarían cómo James y Lizette Eckert parecían amar al niño pequeño que adoptaron de un orfanato ruso junto a su hermano mayor, cuando aún eran pequeños, y se preguntaban qué podría haber salido mal. Describirían al niño como feliz pero tranquilo, y hojearían los libros para colorear que usó durante las reuniones de estudio de la Biblia en busca de pistas. Pero en esa mañana gris, solo quedaban las luces, las sirenas y los murmullos de James y Lizette.

En algún lugar del bosque, el chico con la pistola aun esperaba.

Antes de retirarse a su granja en Alton y antes de colgar los letreros de "Prohibido el paso" en la entrada de su propiedad, los Eckerts poseían portentosa casa en un lago en Gray, Maine, y realizaron una exitosa oficina de quiroprácticos en el sur de Portland.

Lejos de la existencia tranquila y autosuficiente que hallarían más tarde, en Maine vivían a lo grande, con opciones de esparcimiento, un bote y un camper Mercedes, mientras trabajaban sin cesar en su casa. Los vecinos se sorprendieron de lo rápido que parecían gastar dinero. Pero James y Lizette eran curanderos populares, y durante un tiempo, escribieron más tarde en documentos judiciales, podían permitírselo.

"Eran quiroprácticos y confiaban en que lo que solemos llamar 'el poder del ajuste'", dijo Kelly Worster, quien se reunió con la pareja en 1998 después de que un quiropráctico en Boston la enviara con ellos a buscar ayuda en sus migrañas. "Sucedieron muchos milagros en esa oficina. Como resultado, cambiaron muchas vidas".

La pareja se había conocido en el Palmer College of Chiropractic en Iowa. Se casaron se casó en 1997 y abrieron su clínica, Innate Chiropractic, al año siguiente. Parecían compartir una conexión profunda, dijo Worster, quien estaba tan inspirada por su ejemplo que abandonó su búsqueda de un título en trabajo social y se convirtió en quiropráctica.

James coescribió un libro sobre bienestar y dictó seminarios sobre salud mientras Lizette ejercía su pasión: cuidar de las familias, dijo Worster. Ella realizó ajustes quiroprácticos en bebés, mujeres embarazadas y mujeres en trabajo de parto. "No tenía miedo", recuerda Worster.

Tenían una hija biológica, una niña inteligente y bonita que los vecinos recuerdan como alguien que había estudiado una segunda lengua a una edad temprana y que nadaba feliz con su padre en el lago Little Sebago. De acuerdo con la directora de la agencia, Inna Pecar, adoptaron a dos hijos más, que tenían alrededor de 2 y 4 años, en Rusia a través de KidsFirst Adoption en Indiana.

James y Lizette estaban encantados de tener a estos pequeños, dijo Pecar. Sus vecinos en Maine recuerdan a los tres niños andando en bicicleta por el vecindario y recogiendo moras. Pero aún así, la foto completa no era tan feliz. La pareja acumulaba casi $100,000 en deudas de tarjetas de crédito mientras que lo adeudado por préstamos estudiantiles sobrepasaba los $250,000.

Aparentemente compraban artículos de lujo que nunca parecían usar, según sus vecinos, quienes no les consideraban particularmente sociables dentro del vecindario. Eran distantes y abruptos, y tenían perros que siempre parecían estar ladrar en mitad de la noche, dijo el vecino Ray Topar y una pareja de vecinos que pidieron no ser nombrados. Pero hasta al menos los últimos dos años de su tiempo en Maine, mantuvieron una impoluta y recibían visitas.

Más tarde, ya en Alton, James y Lizette les dirían a sus amigos y clientes que se habían ido de Maine porque su vida estaba repleta y querían algo más simple, con más significado. Hablaban de problemas, o de una "batalla judicial", pero eran personas discretas. No había razón aparente para hacer fisgonear.

La "batalla judicial" surgió de una auditoría del IRS realizada en 2009 a Innate Chiropractic. La agencia llegó a los Eckerts con una cuenta de más de $100,000 que fue el comienzo de una crisis financiera y emocional para la familia que se prolongaría durante años y los enfrentaría al IRS, a la corte federal de quiebras y a un universo de acreedores en constante crecimiento.

La pareja intentó desafiar la auditoría pero fracasó. Se declararon en bancarrota en agosto de 2011, con la esperanza de que pudieran utilizar el procedimiento para luchar contra la validez de la evaluación del IRS, que consideraron un "capricho burocrático", según documentos judiciales.

El mismo mes, disolvieron su negocio quiropráctico. En documentos judiciales, enumeraron sus activos en poco menos de $600,000 y sus pasivos en más de $2,000,000.

Esperaban poder pagar sus deudas y conservar sus bienes pero James y Lizette no tenían un abogado que los representara, y comenzaron a ausentarse de las audiencias y a no presentar documentos, o a consignarlos de manera incorrecta. Contrataron y luego despidieron a un abogado y se negaron a pagar algunos de sus honorarios.

Para marzo de 2012, habían dejado de pagar la hipoteca de su casa, según documentos de la corte estatal. Su bancarrota avanzaba, contra sus deseos, hacia la liquidación. Se arriesgaron a perderlo todo. Se vieron a sí mismos como víctimas de un poder judicial hostil y, en una presentación de junio de 2012, acusaron al tribunal de mala fe y parcialidad. "Los deudores se oponen a producir algo más en este caso basado en su derecho a guardar silencio", escribieron.

En julio de 2012, la quiebra se desestimó a petición de los Eckerts, y se quedaron bajo el agua con todas sus deudas, y con una feroz y amarga incredulidad en la existencia de justicia en los Estados Unidos. Años después, James le diría a un buen amigo, Josh Youssef, que una "batalla en la corte" reformó su percepción del mundo.

Youssef, que posee un pequeño negocio de reparación de computadoras y era un candidato republicano al Senado estatal, dijo que le respondió a James: "cuando estás en la escuela y te enseñan, dicen que la verdad, la libertad y la justicia prevalecerán, y eso es una mentira". James estuvo de acuerdo, recordó Youssef.

Dijo que había estado viviendo esa mentira durante años, pero ahora veía la verdad. En los últimos años de los Eckerts en Maine, a medida que aumentaban sus problemas legales y financieros, sus vecinos observaban con creciente alarma la medida en la que se iban aislando. James dejó de ir a trabajar. Los niños vagaban con una aparente poca supervisión y el más pequeño a menudo lloraba.

Y en el pequeño barrio costero, donde los residentes nadaban, pescaban y navegaban, la familia comenzó a cultivar, cuidando de sus propios vegetales y criando pollos y cabras. Su propiedad comenzó a emitir olores que los vecinos reportaban como desagradables.

Luego, al ciere de una noche de finales de 2012, los vecinos dijeron escuchar ruidos y al mirar, eran los Eckerts, empacando. Se llevaron todo: la leña, el generador, el calentador de agua y ya para la mañana se habían ido.

Cuando el banco demandó a los Eckerts el año siguiente, tratando de recuperar casi $500,000 en pagos atrasados ​​de hipotecas, los alguaciles no pudieron encontrarlos para hacerles entrega del papeleo. "La estructura está vacía", garabateo un oficial en el documento. 

La granja en Alton a la que se mudaron los Eckerts, construida en 1770, fue comprada por $140,000 en octubre de 2012 por un hombre que al parecer sería el padre de Lizette según registros públicos. Era una hermosa propiedad, de 19 acres, rodeada de árboles y los Eckerts parecían felices allí, cuidando la tierra y atendiendo a clientes como quiroprácticos.

Alton parecía ser una buena opción para la familia: una ciudad de aproximadamente 5,500 residentes durante todo el año que se llena de visitantes en verano quienes acuden a contemplar el esplendor del lago Winnipesaukee, que desemboca en el corazón de la ciudad en Alton Bay.

Además tiene caminos sinuosos bordeados por muros bajos de piedra que cortan los bosques y se convierten en colinas. El periódico local reportaba sobre competencias en las vías, sorteos de carne y las reuniones del Club Rotario. La ciudad se inclina hacia la derecha, con una feroz emergencia del pensamiento libertario.

James y Lizette decidieron construir una vida basada en las Escrituras y la Constitución, dijeron sus amigos. Creían en el perdón, en amar a Dios y en amar a su prójimo, lo que significaba todo el mundo, dijo Sue DeLemus, quien hizo estudios bíblicos con ellos.

DeLemus conoció a James en 2010, cuando comenzó a asistir a las reuniones de The 9.12 Project, un grupo que ella cofundó con su esposo y otra pareja después de una llamada del presentador de radio de derecha Glenn Beck. El grupo conservador aboga por los principios de la vida, incluido el carácter sagrado de la familia y defiende la idea de que los estadounidenses no responden al gobierno, sino que el gobierno responde a los estadounidenses.

"Querían estar tranquilos y manejar sus asuntos", dijo DeLemus. "Eran personas muy autosuficientes e independientes".

Youssef dijo que solía tener largas discusiones políticas con James, quien dijo que quería confiar en sí mismo porque no confiaba en que los sistemas establecidos se ocuparían de él o de su familia. Los Eckerts no tenían televisión, y educaban en casa a los niños. Pero James no era un fanático, Youssef dijo: "Pensaba: vive y deja vivir".

La familia no estaba aislada de la comunidad, dijeron amigos. Fueron una presencia regular en los juegos de fútbol juvenil, eventos de la iglesia y carreras de carretera y además organizaron un asado anual en la granja. Lizette tenía un trabajo como quiropráctica en Sanctuary Body Works en Pittsfield. James dirigió su negocio quiropráctico en Alton, llamándolo "The Big Idea".

"Ahora déjenme decirles un poco más de lo que creo y por qué hago lo que hago ..." James escribió en un artículo de marzo de 2013 para el periódico local. "Porque deseo ayudar al recién nacido, a los ancianos y a aquellos sin esperanza. Porque elijo atender al paciente con la enfermedad, no a la enfermedad. Porque deseo ayudar en lugar de entrometerme, liberar en lugar de controlar". "No adquirí un seguro", escribió, lo supuestamente que mantuvo a los "contadores de frijoles" fuera de su negocio.

Los amigos de la familia describieron vívidamente a James, Lizette y su hija. James: gregario, optimista, generoso. Enseñó una clase informal sobre la Constitución de los Estados Unidos, tenía un sentido del humor seco y una risa tonta y corrió ultramaratones, dijeron. Lizette era gentil, amorosa, enseñaba pacientemente a los niños a cocinar panqueques y a su hija a tejer. Su hija era de una afilada inteligencia, vendía jabones caseros y joyas y ahorró lo suficiente para comprarse un caballo. DeLemus atesora un hermoso par de mitones de lana azul que la chica le hizo a ella.

Pero en estas historias, los chicos son imperceptibles. Mucha gente creía que eran gemelos, aunque nacieron con dos años de diferencia. Cuando asistieron al estudio bíblico de DeLemus hace varios años, ellos coloreaban en la cocina mientras su hermana mayor se sentaba con sus padres. Eran tímidos, pero por supuesto, dijo DeLemus, eran niños. Los pacientes quiroprácticos de James recuerdan haberlos visto cuando llegaban a la granja para recibir tratamiento, pero no interactuaron. Pero, entonces, ¿por qué lo harían?.

Rusia solicita actualizaciones anuales sobre los niños adoptados por los estadounidenses, dijo el director de adopción de KidsFirst, Pecar, pero los Eckerts dejaron de enviarlos después de tres años. Cualquier niño que provenga de un orfanato ruso tiene trauma, dijo Pecar; a menudo no hay manera de saber lo que sufrieron. A veces, ese trauma puede resurgir cuando un niño llega a la pubertad.

En Facebook, a Lizette le dió "me gusta" un programa de televisión llamado "Niños desconectados, familias reconectadas" y a una página de "Más allá del trauma y el apego", un grupo que apoya a los padres que crían niños que han sufrido un trauma complejo y tienen dificultades de apego. Pero hay pocas otras pistas sobre su vida en casa con los dos pequeños varones. La mujer que dirige el grupo de trauma y apego dijo que nunca habló con Lizette.Los amigos, por su parte, dicen que no vieron aparentes problemas con los chichos.

Cuando DeLemus intenta descifrarlo ahora, se pregunta si el hijo menor de sus amigos tenía problemas, pero se mantuvieron callados para protegerlo. Ella admite que no lo sabe. "Es lo que tú proyectas en una pantalla en blanco", dijo.

La policía se negó a hablar sobre el caso, citando la edad del niño que arrestaron y que está acusado de asesinato en segundo grado. No han confirmado que él es el hijo de James y Lizette, aunque dos personas con conocimiento de la investigación le dijeron al Globe que lo es. Las autoridades no han detallado un motivo, ni han respondido preguntas sobre cómo fueron tratados los niños, o cómo un niño de 11 años tuvo acceso a un arma.

En una foto familiar sin fecha publicada en Facebook, James y Lizette están detrás de sus tres hijos, todos con camisas a juego con la palabra "Familia" en un corazón. Los chicos posan al frente, sonriendo y se ven felices.

Cuando la policía llegó a la granja el 15 de marzo, Lizette ya estaba muerta, con una sola bala en la cabeza. James todavía respiraba, pero con dificultad. Inicialmente pensaron que el chico se dirigía hacia la ciudad vecina de New Durham tal vez rumbo la casa de un amigo en Berry Road.

"Si pudiéramos llevar unas unidades más a la casa para poder bloquear un perímetro interno y obtener el EMS aquí, una de las víctimas sigue con vida actualmente", fue la transmisión de la policía justo antes de las 8:00 a.m.

"De acuerdo, 10-5. Estoy en camino a la casa", fue la respuesta. 

Los oficiales solicitaron apoyo y perros y una patrulla para los perímetros que habían establecido; pero aunque revisaron la casa de los amigos el niño no estaba allí.

"Mantén los ojos abiertos al estar allí", se oyó por radio. "Está en el bosque. No lo han hallado". En paralelo, llevaron a la niña y al niño mayor de los Eckerts Departamento de bomberos mientras se cerraban las escuelas y buscaban huellas en la nieve.

La policía estableció un puesto de comando a una milla de 76 Dobbins Way, en el comedor de una mujer de 97 años y bajo una lámpara de vidrio ámbar. Ella leía un libro de Erma Bombeck mientras trabajaban. Afuera, la niebla estaba se abría paso hacia el recinto.

"Para las unidades en el área de Alton, Berry y Valley Road, el equipo de operaciones especiales del Condado de Belknap tiene siete, ocho personas que van al bosque siguiendo las pistas hacia el Área de Berry y Valley Road", anunció la radio. "Todas las unidades permanezcan advertidas".

Y luego, media hora más tarde, y casi dos horas después de los disparos llegó el mensajo: "el niño está bajo custodia".

Los Eckerts se habían preparado contra tantos peligros, pero tal vez no contra el chico de la camisa azul brillante, el chico con el arma. James murió después de Lizette y él también recibió un único disparo en la cabeza.

La granja de la familia está tranquila ahora. Los letreros aún advierten a los intrusos, aún guardando los secretos de la familia. La nieve se adhiere a la tierra marrón, los pájaros negros se levantan y desaparecen en los árboles desnudos

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